Yo no duermo la siesta
 

El mundo infantil como ventana de la realidad.

Espectáculo de Paula Marull que recrea muy eficazmente el ritual lúdico de los niños durante ese momento del día en el que los adultos descansan.

30 de mayo de 2016

 

¿Quién de chico no ha aprovechado esa horita de descanso adulto para crear su propia realidad paralela y dar rienda suelta a su creatividad? Afrontando posibles retos o consecuencias si el ruido llegaba a oídos de quienes querían dormir, y sabiendo que era más divertido y excitante aún transitar por ese riesgo que nos generaba la transgresión de las reglas.
Jean Piaget afirma que el juego es básicamente la asimilación funcional de los elementos de la realidad sin temer aceptar las limitaciones de su adaptación. Por eso es tan cercana y reconocible la trama de la obra de Paula Marull, que recrea ese universo por el que todos alguna vez transitamos y nos permite revivirlo por un instante al ver a Natalí y a Rita utilizar lúdicamente su realidad para escapar por un momento de ella.

En un pueblo del interior, Natalí se queda a pasar el día en lo de su amiga Rita porque en su casa hay una situación complicada. En lo de Rita están Hilda, su madre, Aníbal su tío espástico y Dorita, la empleada doméstica y niñera. Cuando Hilda se va a trabajar y terminan de almorzar Rita y Natalí comienzan su ritual lúdico a la hora de la siesta que incluye disfraces, caracterizaciones, shows musicales y ese placer de convertirse en otra persona que sólo es posible a través del juego o del teatro.

Un texto sencillo de Paula Marull que apela incluso a los estereotipos del género romántico es transitado con la naturalidad necesaria para que el espectador se vea inmerso en la historia, en esa casa de pueblo, sintiendo por momentos el calor de un verano agobiante, viendo pasar las motos de los muchachos del barrio o incluso oliendo ese guiso pastoso que Natalí ni siquiera quiere probar.
Es destacable la veracidad con la que Marull recrea ese universo infantil y paralelamente desarrolla una gran historia de amor entre la humilde y servicial Dorita y el hijo de Cacho: un varonil y rústico muchacho del pueblo que la ama pero no sabe expresarle su amor de la mejor manera. Esta historia es el atractivo excluyente para las dos niñas protagonistas que se ilusionan con la situación cual adolescentes ante el primer amor.

Los trabajos de Laura Grandinetti y Micaela Vilanova son magnéticos, verdaderos y naturales, interpretando a dos chicas de pueblo con intereses y objetivos distintos pero claramente inocentes ante el universo adulto. María Marull le da vida a una Dorita versátil que hace emocionar y a la vez reír con su espontaneidad y desfachatez. Por su parte, Marcelo Pozzi en un excelente trabajo escénico interpretando a una persona discapacitada. Ezequiel Rodriguez y Sandra Grandinetti en la misma sintonía personificando al hijo de Cacho y a Hilda.

Una historia de amor, amistad, esperanzas, juegos e ilusiones plasmada con mucha sensibilidad, enmarcada en una escenografía mimética y funcional para el desarrollo de la historia, potenciada con un buen repertorio musical que acompaña la ambientación del lugar y una excelente dirección.

Yo no duermo la siesta es un lindo y cálido espectáculo que nos hará recordar por un instante aquel momento en el que el silencio del día encendía toda nuestra creatividad

Gabriel Piacenza

 


 

 

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