Todo lo cercano se aleja:

brisa chejoviana en la playa

 

Todo lo cercano se aleja Dramaturgia y dirección: Laura Paredes / Intérpretes: Paula Acuña, Marcelo Mariño, Marcelo Pozzi, Emma Rivera /Escenografía: Rodrigo González Garillo / Vestuario: Carolina Sosa Loyola / Luces: Matías Sendón / Música: Gabriel Chwojnik / Sala: Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815 / Funciones: jueves a domingos, a las 21 / Duración: 60 minutos / 

 

En el reverso de sus bellos programas de mano, podemos leer los objetivos que se propone el Teatro Cervantes. Entre otras misiones, destaca que debe ser "la casa de los artistas vivos, donde puedan trabajar desde la experimentación, el desafío, el riesgo". Todo lo cercano se aleja es un texto que ha sido reconocido en el premio Rozenmacher y su autora, Laura Paredes, es una de las directoras del grupo Piel de Lava. Que esta artista consolidada y ascendente encuentre la posibilidad de ofrecer su obra en el imponente coliseo nacional es una decisión afortunada de la gestión actual, que encabeza Alejandro Tantanian.

El espacio propuesto es la zona de carpas de un balneario de San Clemente. La estética es realista, busca imitar con fidelidad el ambiente de la playa. No sólo en escenografía, iluminación y vestuario puede verse la elección del realismo, también en el registro de actuaciones y en cierta tendencia a las entradas y salidas de personajes siempre demasiado oportunas para que se pueda pasar información. La historia habla de Selva, una mujer que ha perdido recientemente a su padre y que vuelve al lugar donde pasaba sus veranos infantiles. Busca vender a un ingeniero unos terrenos que recibió en herencia. Ese sitio vacacional, alejado de lo cotidiano, adquiere entonces la marca del comercio. Si bien ése es el hilo que organiza la trama y en el que más reposa la parte humorística de la obra, por debajo se expande y se hace más fuerte otro conflicto: la decadencia de Gloria, la madre de Selva.

La obra hace pesar los silencios, se suceden las pausas que remiten tanto al vacío que a veces se genera en las vacaciones como a la introspección, al duelo sobre el que los personajes prefieren no reparar. Se logra transmitir un sentimiento de pérdida con pocos elementos y sin referirse demasiado a él. El lugar de lo no dicho transfiere un dejo chejoviano a la atmósfera. Quizá la tensión no consigue armarse en todo momento, no parece conocerse el motivo por el que es indispensable vender la tierra en ese momento y no en otro. Incluso, la obra propone que la negociación y el descanso podrían extenderse un día más. Sin embargo, todo eso sirve para enfatizar que el conflicto relevante no es el que está en primer plano.

La eficacia de esta pieza parece reposar en su texto, se ven todavía las marcaciones de la dirección que irán volviéndose orgánicas con el paso de las funciones. En un elenco parejo, se destaca la propuesta de Marcelo Pozzi, quien da cuerpo al sentido de algo querido y progresivamente inalcanzable que transmite la obra. La pieza es, también, cabal representante de una zona fértil del teatro contemporáneo que dosifica por partes iguales la risa y la melancolía en una dramaturgia que prefiere correrse de la ciudad para emplazar sus historias. Su puesta marca una forma posible de fructífera unión entre la escena independiente y la oficial.

 

 

VIERNES 25 DE AGOSTO DE 2017
Gabriel Isod
La Nación

 


 


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