CLARÍN

Martes 3 de setiembre de 2002

 

 

 

 

 TEATRO: CRITICA
Policial en clave paródica

Se estrenó Bésame Mucho,

la obra escrita y dirigida por Javier Daulte.

 

IVANA COSTA.

 

El público es invitado a sentarse alrededor del brevísimo espacio escénico en el que se ha reproducido una típica oficina pública. Todo se muestra a través de este espacio claustrofóbico, abarrotado de escritorios gastados sobre los cuales se ven computadoras, viejos aparatos telefónicos, útiles e instrumentos de uso cotidiano, papeles, cablerío... Pero la oficina visible es sólo un aspecto del espacio y de la acción ya que en esta historia la oficina pertenece a una institución cuya relación con lo oficinesco es sólo parcial.

El espectáculo, de casi dos horas de duración, está dividido en escenas que se distinguen por fundidos a negro. Unos segundos de oscuridad aseguran el tránsito hacia situaciones contiguas o hacia otras más distantes en tiempo y espacio, en temática o en la decisión sobre cómo se cuenta lo que se cuenta.

Partiendo de la muy bien lograda imitación del paisaje conocido, la comedia de Javier Daulte intenta torcerlo todo al disparate. En consonancia con la idea que parece guiar a muchos de los nuevos autores teatrales argentinos, aquí la organización de las escenas —desde que se encienden las luces y hasta el final— intenta a cada paso provocar la sorpresa del espectador. Este objetivo de desconcertar está por encima inclusive de la evidente meta de hacer reír. En el resultado a la vista, la sorpresa buscada no siempre trae aparejado un interés teatral; en cambio, afortunadamente, la risa —aún la que se obtiene por recursos clásicos— es más frecuente.

Los elementos paródicos son recurrentes. Hay, sobre todo, una divertida burla a esa inexplicable tendencia de las series de TV argentinas de llevar el universo policial a un plano doméstico. Pero no sería justo fundar toda la eficacia de Bésame mucho en la parodia. La clave está, probablemente, en el afinado ajuste entre una historia de trazos absurdos, una vocación por la agilidad y la levedad de cada situación y una firme atención a las capacidades actorales del equipo. Dentro de los textos de Daulte, Bésame mucho muestra una peligrosa tendencia a persistir en la indefinición del final. En cambio, las interpretaciones y la dirección apuntan siempre a matices precisos. Por eso, quizá, sea difícil imaginar Bésame mucho sin la presencia central de actuaciones notables, como las de Marcelo Pozzi y Luciano Cáceres. Bésame mucho es prueba de que el equipo, que obtuvo ya buenos resultados en su anterior labor colectiva, Gore, puede producir gratos momentos de comicidad.

 

 


 

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